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lunes 05 de enero de 2009
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Home Opinión Mario Trindade El Patrimonio Rural (II)

El Patrimonio Rural (II)

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Escribe: Mario Trindade

El Patrimonio Rural.

Apuntes sobre la antigua Villa de Belén.

 

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La fundación de Belén tuvo como finalidad establecer  orden  en la campaña bajo el dominio del imperio español y contener el avance del  lusitano.

La creación del Cuerpo de Blandengues en el que revistiera   José Artigas tuvo ese objetivo.


A menudo cuando se habla de las poblaciones rurales, se supone que la acción de poblar la campaña a inicios del siglo XIX  consistía en levantar un rancho, establecer algunos límites, corrales y criar ganado.- La poesía nacional, el arte pictórico y  encendidos discursos en homenaje al gaucho y al indio, han desdibujado de tal manera la realidad de la época, que hasta nuestros días aún se supone equivocadamente que los sucesivos repartos de tierra por las autoridades imperiales y posteriormente durante la revolución, solo suponía un acto de donación de  extensas parcelas pobladas de ganado cimarrón.- Pasarían décadas antes que algunos inmigrantes europeos llegaran a estas regiones. En los hechos, se necesitaba mucho más que ganas de trabajar la tierra para poblar aquellos inmensos campos plagados de peligros. La sujeción por las armas de los "infieles" y gauchos sueltos fue entonces tarea prioritaria en el establecimiento de núcleos poblados, que, o casualidad, tenían el carácter de cuartel general. Así surge Nuestra Señora de Belén. Una rápida ojeada a los documentos de época nos muestra que la inmensa mayoría del núcleo poblacional inicial, fue conducido a la fuerza por el ejército desde Las Víboras, Paysandú y otras localidades. No otro argumento que el terror  que suponía habitar estos territorios del norte llevaría a que fuera conocido y denominado como "el desierto".


Fundada en Marzo de 1801 por el Capitán de Blandengues Jorge Pacheco, la población fue levantada a unos ocho kilómetros al  Sur del emplazamiento actual. A pocos días de iniciada las actividades en el poblado de ranchos de palo  pique, con tres sistemas defensivos de los que solo uno ha perdurado, los Charrúas incendian los campos adyacentes aprovechando un fuerte viento, tomando fuego muchas de las casas precarias que componían la villa.- El Capitán Pacheco toma la decisión de perseguir y escarmentar a los indígenas llegando con esa misión hasta Corral de Sopas donde se libra una batalla el 1 de Mayo de 1801 contra charrúas y minuanos que tenían sus tolderías momentáneamente en el lugar. Nada tendría de extraordinario en nuestra historiografía la descripción de una batalla, pero en este caso, surge un testimonio impactante de una cautiva liberada en ese hecho de armas junto a dos muchachos, su testimonio por demás elocuente, contribuye sin lugar a dudas a situar  los lectores de este siglo, en aquella realidad. No voy a  explayarme en otras consideraciones que ya han sido analizadas por historiadores, si no simplemente tratar de ubicar al lector en aquel contexto de difíciles condiciones y transcribir textualmente un fragmento del Diario de Jorge Pacheco, publicado por Eduardo Acosta y Lara, 1969 y por el Lic. Oscar Padrón Favre en su libro "Los Charrúas - Minuanes en su etapa final", 2004, el duro testimonio de una pobladora de lo que llamaban el lejano norte. La evaluación correrá por cuenta del lector.

"En el Cuartel General del Yacuy y la Villa de Nuestra Señora de Belén a los quince días del mes de Junio en el año de mil ochocientos y uno. Yo el expresado Capitán Dn. Jorge Pacheco Seballos mandé parecer a María Isabel Franco a quien por ante testigos, recibí juramento que hizo por Dios Nuestro Señor y a una señal de la Cruz ofreciendo decir verdad en los puntos que sea preguntada, y como fue seguidamente por su nombre y estado; responde llamarse Maria Isabel Franco, que es viuda del finado Santiago Basualdo a quienes dieron muerte los indios infieles diecisiete meses hace, poco más o menos, en un día Martes pero no sabe a cuántos ni en que mes.

Preguntada: A que hora pasó esto, quienes se hallaron presentes y que hacía su marido en aquel acto cuando le dieron muerte.

Responde: Que la hora ignora, pero si que fue después de la siesta, en el verano. Que otra persona más de la que declara no se encontró y su marido se hallaba sentado frente a ella que lo peinaba.

Preguntad: Que acciones hicieron los indios después de dar muerte a su marido, expresando con claridad cuanto ocurrió allí.

Responde: Que habiendo oído ladrar a los perros esa tarde, peinando a su marido como ha dicho, asomó la cabeza por debajo de una ramada que tenía su estancia; que vio llegar una porción de gente y dijo entonces a su esposo: "Jesús, que es esto que viene disparando", le contestó habiéndose también asomado: "Hija de mi alma, son los indios, ven que te alzaré a caballo". Que a esto ya oyó golpearse la boca dando alaridos a los infieles, por lo cual atribulada, se metió dentro del rancho, advirtiendo al tiempo de huir que el difunto Basualdo tomó el cuchillo en la mano. Que oyó a uno le decía en castellano: "Dése amigo" y otro indio cristiano de quien supo después se llamaba Josef Ygnacio, que amonestaba a los demás no agujereasen la ropa para matarlo, que se ensuciaba con la sangre. Que todo lo oía de dentro de la casa, a la cual entró al instante otro de ellos y agarrándola de la mano empezó a registrar y sacar cuanto había dentro, lo cual repartió entre los que estaban en la puerta, llevándola siempre agarrada hasta el corral de caballos, donde empezaron a mudar. Que luego el mismo Ygnacio gritó al que la apresaba la condujera hasta donde se hallaba el cadáver de Basualdo su marido. Que aquel lo ejecutó, y  entonces lo advirtió desnudo, amarrado y lleno de heridas, y el dicho cristiano Josef Ygnacio, allí en su presencia, le arrancó un chuzo con que tenía clavado el difunto cuerpo contra el suelo por el costado derecho y que en ese mismo lugar le hizo relación de ser cristiano como ella y casado en el Canelón con mulata esclava de Gregorio Bordón, por la cual hecho una muerte, siendo esa la causa de verse metido entre los infieles. Que también aseguró que era el peor cuchillo que tenían los cristianos, cuyas estancias bombeaba antes de dar los avances y que en aquellos días estuvo no solo en la declarante sino aún en  la de Dn. Manuel Peres a la otra parte del Río Negro, Que le hizo varias preguntas  sobre las mujeres de las poblaciones inmediatas, a que contestó que no estaban. Y que concluida esta conversación fue conducida otra vez al corral, en donde la alzaron en un caballo en pelo para volverse a los toldos, más como no sabía andar bien, cayó a tierra y queriéndola castigar un indio Minúan, lo impidió José Ygnacio, quien la alzó a las ancas del mismo que la sacó de dentro de su casa. Que a poco de andar volvió la vista a ésta y la advirtió ardiendo y entonces prorrumpió en llanto, por lo cual fue mal tratada con muchos golpes por los infieles. Que de allí marcharon hasta otra parte del Queguay a la estancia de Mariano Presentado en la cual solo había un corral, porque a la ida habían quemado la casa y dentro de ella al que la cuidaba...".

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Indudablemente el testimonio, aunque trascripto parcialmente, nos da una idea por demás clara de la dura realidad de aquellos tiempos. La imagen que acompaña este texto pertenece a  la defensa Sur de la primitiva Villa de Belén, probablemente de las últimas construcciones militares que se erigieron en nuestro territorio por las Leyes de Indias. Un testimonio patrimonial de tal magnitud, sin duda merece otra suerte, mudo testimonio de aquellos duros tiempos, ha perdurado por más de doscientos años. De no tomarse medidas para su conservación, puede correr la misma suerte que la fundación portuguesa de Belén, sobre el Yacui, donde el movimiento de terrenos para la construcción de un prolijo parque,  borró para siempre los testimonios materiales de la época.

Queda colocar un cartel que diga "aquí estuvo..." Esperemos que la trinchera Sur no corra la misma suerte.

 

Mario Trindade, para diariosalto.com.

 
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