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Escribe: Mario Trindade
El Patrimonio Rural.
Apuntes sobre la antigua Villa de Belén.
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La fundación de Belén tuvo como finalidad establecer orden en la campaña bajo el dominio del imperio español y contener el avance del lusitano.
La creación del Cuerpo de Blandengues en el que revistiera   José Artigas tuvo ese objetivo.
A menudo cuando se habla de las poblaciones rurales, se supone que la acción de poblar la campaña a inicios del siglo XIX consistÃa en levantar un rancho, establecer algunos lÃmites, corrales y criar ganado.- La poesÃa nacional, el arte pictórico y encendidos discursos en homenaje al gaucho y al indio, han desdibujado de tal manera la realidad de la época, que hasta nuestros dÃas aún se supone equivocadamente que los sucesivos repartos de tierra por las autoridades imperiales y posteriormente durante la revolución, solo suponÃa un acto de donación de extensas parcelas pobladas de ganado cimarrón.- PasarÃan décadas antes que algunos inmigrantes europeos llegaran a estas regiones. En los hechos, se necesitaba mucho más que ganas de trabajar la tierra para poblar aquellos inmensos campos plagados de peligros. La sujeción por las armas de los "infieles" y gauchos sueltos fue entonces tarea prioritaria en el establecimiento de núcleos poblados, que, o casualidad, tenÃan el carácter de cuartel general. Asà surge Nuestra Señora de Belén. Una rápida ojeada a los documentos de época nos muestra que la inmensa mayorÃa del núcleo poblacional inicial, fue conducido a la fuerza por el ejército desde Las VÃboras, Paysandú y otras localidades. No otro argumento que el terror que suponÃa habitar estos territorios del norte llevarÃa a que fuera conocido y denominado como "el desierto".
Fundada en Marzo de 1801 por el Capitán de Blandengues Jorge Pacheco, la población fue levantada a unos ocho kilómetros al Sur del emplazamiento actual. A pocos dÃas de iniciada las actividades en el poblado de ranchos de palo pique, con tres sistemas defensivos de los que solo uno ha perdurado, los Charrúas incendian los campos adyacentes aprovechando un fuerte viento, tomando fuego muchas de las casas precarias que componÃan la villa.- El Capitán Pacheco toma la decisión de perseguir y escarmentar a los indÃgenas llegando con esa misión hasta Corral de Sopas donde se libra una batalla el 1 de Mayo de 1801 contra charrúas y minuanos que tenÃan sus tolderÃas momentáneamente en el lugar. Nada tendrÃa de extraordinario en nuestra historiografÃa la descripción de una batalla, pero en este caso, surge un testimonio impactante de una cautiva liberada en ese hecho de armas junto a dos muchachos, su testimonio por demás elocuente, contribuye sin lugar a dudas a situar los lectores de este siglo, en aquella realidad. No voy a explayarme en otras consideraciones que ya han sido analizadas por historiadores, si no simplemente tratar de ubicar al lector en aquel contexto de difÃciles condiciones y transcribir textualmente un fragmento del Diario de Jorge Pacheco, publicado por Eduardo Acosta y Lara, 1969 y por el Lic. Oscar Padrón Favre en su libro "Los Charrúas - Minuanes en su etapa final", 2004, el duro testimonio de una pobladora de lo que llamaban el lejano norte. La evaluación correrá por cuenta del lector.
"En el Cuartel General del Yacuy y la Villa de Nuestra Señora de Belén a los quince dÃas del mes de Junio en el año de mil ochocientos y uno. Yo el expresado Capitán Dn. Jorge Pacheco Seballos mandé parecer a MarÃa Isabel Franco a quien por ante testigos, recibà juramento que hizo por Dios Nuestro Señor y a una señal de la Cruz ofreciendo decir verdad en los puntos que sea preguntada, y como fue seguidamente por su nombre y estado; responde llamarse Maria Isabel Franco, que es viuda del finado Santiago Basualdo a quienes dieron muerte los indios infieles diecisiete meses hace, poco más o menos, en un dÃa Martes pero no sabe a cuántos ni en que mes.
Preguntada: A que hora pasó esto, quienes se hallaron presentes y que hacÃa su marido en aquel acto cuando le dieron muerte.
Responde: Que la hora ignora, pero si que fue después de la siesta, en el verano. Que otra persona más de la que declara no se encontró y su marido se hallaba sentado frente a ella que lo peinaba.
Preguntad: Que acciones hicieron los indios después de dar muerte a su marido, expresando con claridad cuanto ocurrió allÃ.
Responde: Que habiendo oÃdo ladrar a los perros esa tarde, peinando a su marido como ha dicho, asomó la cabeza por debajo de una ramada que tenÃa su estancia; que vio llegar una porción de gente y dijo entonces a su esposo: "Jesús, que es esto que viene disparando", le contestó habiéndose también asomado: "Hija de mi alma, son los indios, ven que te alzaré a caballo". Que a esto ya oyó golpearse la boca dando alaridos a los infieles, por lo cual atribulada, se metió dentro del rancho, advirtiendo al tiempo de huir que el difunto Basualdo tomó el cuchillo en la mano. Que oyó a uno le decÃa en castellano: "Dése amigo" y otro indio cristiano de quien supo después se llamaba Josef Ygnacio, que amonestaba a los demás no agujereasen la ropa para matarlo, que se ensuciaba con la sangre. Que todo lo oÃa de dentro de la casa, a la cual entró al instante otro de ellos y agarrándola de la mano empezó a registrar y sacar cuanto habÃa dentro, lo cual repartió entre los que estaban en la puerta, llevándola siempre agarrada hasta el corral de caballos, donde empezaron a mudar. Que luego el mismo Ygnacio gritó al que la apresaba la condujera hasta donde se hallaba el cadáver de Basualdo su marido. Que aquel lo ejecutó, y entonces lo advirtió desnudo, amarrado y lleno de heridas, y el dicho cristiano Josef Ygnacio, allà en su presencia, le arrancó un chuzo con que tenÃa clavado el difunto cuerpo contra el suelo por el costado derecho y que en ese mismo lugar le hizo relación de ser cristiano como ella y casado en el Canelón con mulata esclava de Gregorio Bordón, por la cual hecho una muerte, siendo esa la causa de verse metido entre los infieles. Que también aseguró que era el peor cuchillo que tenÃan los cristianos, cuyas estancias bombeaba antes de dar los avances y que en aquellos dÃas estuvo no solo en la declarante sino aún en la de Dn. Manuel Peres a la otra parte del RÃo Negro, Que le hizo varias preguntas sobre las mujeres de las poblaciones inmediatas, a que contestó que no estaban. Y que concluida esta conversación fue conducida otra vez al corral, en donde la alzaron en un caballo en pelo para volverse a los toldos, más como no sabÃa andar bien, cayó a tierra y queriéndola castigar un indio Minúan, lo impidió José Ygnacio, quien la alzó a las ancas del mismo que la sacó de dentro de su casa. Que a poco de andar volvió la vista a ésta y la advirtió ardiendo y entonces prorrumpió en llanto, por lo cual fue mal tratada con muchos golpes por los infieles. Que de allà marcharon hasta otra parte del Queguay a la estancia de Mariano Presentado en la cual solo habÃa un corral, porque a la ida habÃan quemado la casa y dentro de ella al que la cuidaba...".
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Indudablemente el testimonio, aunque trascripto parcialmente, nos da una idea por demás clara de la dura realidad de aquellos tiempos. La imagen que acompaña este texto pertenece a la defensa Sur de la primitiva Villa de Belén, probablemente de las últimas construcciones militares que se erigieron en nuestro territorio por las Leyes de Indias. Un testimonio patrimonial de tal magnitud, sin duda merece otra suerte, mudo testimonio de aquellos duros tiempos, ha perdurado por más de doscientos años. De no tomarse medidas para su conservación, puede correr la misma suerte que la fundación portuguesa de Belén, sobre el Yacui, donde el movimiento de terrenos para la construcción de un prolijo parque, borró para siempre los testimonios materiales de la época.
Queda colocar un cartel que diga "aquà estuvo..." Esperemos que la trinchera Sur no corra la misma suerte.
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Mario Trindade, para diariosalto.com.






